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About Me

Ana, viajera y turista, las dos cosas a la vez. Amo estar de viaje, pero también disfruto estar de regreso a mi casa.Planificar un viaje me seduce, me gusta mucho arriesgarme a cosas nuevas. 

 

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Nos despertamos temprano, los kilómetros no perdonan y nos faltaba mucho por recorrer.

Fuimos directo a la Cueva de las Manos tal como lo habíamos planeado. Son solo 50 kms de desvío desde la Ruta 40 y aunque el camino es de ripio, está bien pisado, así que llegamos sin contratiempos como a las 7:30 de la mañana. Por supuesto no había nadie a esa hora y las cuevas están abiertas sin restricción de entrada, así que dejamos volar la imaginación y viajamos en el tiempo unos 10000 años atrás. Fue un contacto directo y solitario con esas paredes tapizadas de pinturas rupestres representando manos, figuras geométricas, guanacos y escenas de cacería de colores rojos, ocres, blancos y negros. La manos fueron usadas como plantillas rociándoles pintura encima y así logrando el efecto de silueta.  Un poco más tarde llegó el guía que nos contó anécdotas y detalles históricos que enriquecieron todavía más nuestra visita.

Después bajamos al Rio Pinturas que le da el nombre al cañadón donde están las cuevas y exploramos el bosque como si fuéramos los primeros.

De ahí seguimos nuestro camino hacia el siguiente destino: El Calafate. Muchísimo que recorrer todavía, unos 500 kilometros al sur. Fue un día largo y casi anocheciendo llegamos al pueblo que aloja a la gente que va a conocer al Glaciar Perito Moreno del que tanto había escuchado hablar.

El Calafate es una ciudad entregada al turismo. Su calle principal está llena de tiendas de recuerdos y souvenirs, agencias de viajes hoteles. Entre la cantidad de hoteles, posadas y cabañas disponibles, escogimos el Design Suites Calafate, un lujo para nuestras más recientes opciones. Nos resultó un oasis de comodidad. Piscina temperada, desayuno incluido y las habitaciones con vista al Lago Argentino, que esa noche reflejaba una espectacular luna llena.

Dormimos como reyes y, una vez más muy temprano ya estábamos en camino al plan máximo del día, el Parque Nacional Los Glaciares. Manejamos más de media hora hasta la entrada donde se paga una tarifa para extranjeros de AR$ 260 por persona y luego un rato más hasta el mirador. A esa hora de la mañana, éramos los únicos!! Toda esa inmensidad era nuestra. Cero clicks de cámaras, voces exclamando, solo el estruendo ocasional de los gigantescos pedazos de hielo que se desprendían y se desplomaban en el agua. a pesar de tener amigos que habían estado en este lugar antes que yo, nadie me había preparado para lo que iba a ver. Cuesta describir la sensación de pequeñez ante este coloso de la Naturaleza. Se te eriza la piel. Lloras de emoción. Te maravilla darte cuenta que el glaciar está vivo y en constante movimiento sobre el agua.

Por cosas de tiempo nosotros no hicimos el paseo en barco por el Glaciar, pero anoten ahi la navegación, y para los más osados subir el glaciar y dar una caminata en botas con crampones.  Lo imagino como una experiencia inolvidable!

A El Calafate se llega en avión desde Buenos Aires. Cero excusas. Hay vuelos diarios de LAN y Aerolineas Argentinas. Hay que ir!!!

 

Y como si nuestro encuentro con el Glaciar perito Moreno, no fuera suficiente para el alma, seguimos camino a Chile una vez más. Tampoco queríamos pasar por alto el Parque Nacional  Torres del Paine, tantas veces leído, tan fotografiado y tan cerca; (para nosotros 250 kms es un paseo). Lo único mal calculado fue la cantidad de gasolina de nuestro tanque y la escasez de estaciones de servicio en la ruta. Veíamos lo que nos estaba pasando pero no encontrábamos solución. El GPS marcaba los pueblos y al llegar estaban abandonados. Cruzamos la frontera por el Paso Fronterizo Rio Don Guillermo. Una vez del lado chileno comenzamos a recorrer la infinita ruta. Hacía mucho frío ese día. Todos íbamos mudos dentro de la camioneta, así como para empujarla con la mente hasta el limite. Yo calculaba la distancia al siguiente pueblo en kilómetros de maratón y pensaba en mis amigas corredoras. Faltan 42, faltan 21 y así, sin perder la esperanza, llegamos a un caserío que tenía parado un camión cisterna. Nos habíamos salvado. Pocos después llegamos al pueblo puerta de acceso al Parque. Pagamos el costo de la entrada que para extranjero es alrededor de unos US$ 26 en temporada alta y como US$ 14 en baja. De ahí en adelante todo fue fiesta visual. Esos inmensos picos de granito moldeados por la fuerza del hielo te dejan perplejo. Estas realmente ante la Naturaleza en su estado más puro.

Puedes pasar varios días haciendo excursiones durante el día y luego pasar la noche en alguno de los refugios del parque o también alojarte en el hotel del grupo Explora, a todo lujo!!!!

Si te gusta más la serenidad puedes hacer un paseo en barco por el Lago Grey, disfrutando de un whisky con hielo del glaciar.

A poco más de 100 kms al sur se encuentra Puerto Natales, una ciudad portuaria tranquila, casi desolada. A pesar de que me hubiera querido quedar en el Singular, un lugar que fue un frigorífico y luego remodelado a hotel de lujo, pasamos la noche en Martin Gusinde, un hotelito pequeño sin ínfulas, pero que sirvió su propósito: el descanso necesario después de un largo día. Esa noche comimos en Sushi G. Lo recomiendo totalmente. Nos encantó, no esperábamos encontrar un sushi con talento en ese pueblo. Además hacen su propia cerveza.

En la entrada de Puerto Natales, muy cerca del Hotel Singular, queda el desvío a la Cueva del Milodón, una enorme pereza prehistórica que vivió allí miles de años atrás. La cueva en sí es muy interesante, al igual que la historia del animal y su descubrimiento.

Y una vez agarramos camino, todavía queda más sur…ahora si vamos directo al destino final, Ushuaia. Promete ser un día largo!

PATAGONIA INMENSA…DE NUEVO EN EL LADO ARGENTINO Y UNA VEZ MAS A CHILE