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Ana, viajera y turista, las dos cosas a la vez. Amo estar de viaje, pero también disfruto estar de regreso a mi casa.Planificar un viaje me seduce, me gusta mucho arriesgarme a cosas nuevas. 

 

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Roadtrip: De Santiago a Bariloche 


Un volcán patagónico y un poeta dialogan en silencio. Pero el viento quizás escucha...
 

LA PARVA, CHILE - BARILOCHE, ARGENTINA

DIA 1 / 30 de agosto.  

Nuestro punto de partida fue el pueblo de Farellones en las montañas nevadas de Santiago, a unos 2500 metros sobre el nivel del mar. Allí planificamos nuestra ruta para esa tarde de forma de poner un limite a las horas que manejaríamos al sur, y escogimos un lugar decente donde dormir en vista de que el año pasado en un viaje similar, manejamos hasta que caímos dormidos frente a una estación de servicio en medio de la nada al norte de Mendoza.

Lamentablemente cuando teníamos todo listo y el carro cargado nos recordaron la restricción del horario. “Autos solo en subida a la montaña” y por ello tendríamos que esperar un par de horas a que abrieran el camino en dirección a Santiago.

Como consecuencia, una vez más, y como despedida oficial de lo que fue nuestro comedor, bar y cyber café oficial en los días que estuvimos en Farellones, almorzamos en El Montañés. Aunque no puedo negar que los pisco chilenos que nos servían nos encantaron,  fue su bife con papitas o la entraña, lo que nos atrajo cada día…bueno y también quizás la escasa oferta de lugares para comer.

Total salimos en la tarde y con la carretera nevada, unos cuarenta kms hasta llegar a la ciudad por una carretera sinuosa que a veces marea. En Santiago nos movimos como pez en el agua. Hemos ido varias veces, así que llegamos a Las Condes, nos incorporamos a la Costanera Norte y en poco ya estábamos montados en la Carretera Panamericana, que también llaman Ruta 5, con rumbo a Victoria. La ciudad donde dormiríamos esa noche nos quedaba a unos 660 kms y sería el punto de cruce al este para seguir hacia Argentina la mañana siguiente.

Rancagua, Curicó, Talca, Chillán nombres familiares del viaje anterior que al igual que este hicimos en una camioneta Renault Kangoo que se portó impecable y que consumió poco del muy costoso combustible.  Hicimos una sola parada para reabastecernos  después de unas seis horas manejando y aprovechamos para comer; sabíamos que a la ciudad de Victoria llegaríamos tarde.

La cena no le hizo honor a la comida chilena aunque nos la vendieron como la mejor. Comimos una “plateada” que le gustó más al perro que buscaba nuestra atención desde afuera, que a nosotros, así que nos redondeamos el apetito con algunas chucherías y refrescos, y seguimos nuestro camino.

Todavía faltaban varias horas hasta llegar a Victoria, que mas que una ciudad parece un pueblo, pero con evidencias claras de buena planificación urbana colonial, con sus calles alrededor de la Plaza de Armas en el centro; y diagonal a esta, encontramos nuestro hotel por unas horas: Royal Victoria. No muy barato barato, pero si muy limpio y bien atendido y con excelente internet!!

DIA 2

A las siete de la mañana en punto estábamos sentados desayunando.

Hay algo extraño con los viajes por tierra…dan un apetito voraz. Siempre, siempre teníamos hambre. Detenernos a comer era imperdonable.

Arrancamos disfrutando de un día espectacular y pronto nos alejamos de la carretera panamericana para adentrarnos en la más estrecha Ruta CH-181 que nos va regalando un paisaje como pocos: los volcanes nevados de la región de la Araucania. Indescriptible las vistas! Los volcanes nos hacen evocar recuerdos de infancia. Aquellas fotos en los textos escolares donde aparecían montañas triangulares con los picos nevados.  

Los volcanes nos dan vueltas alrededor de la ruta. Lonquimay y Tolhuaca junto a bosques de  centenarias araucarias posan para nuestras cámaras.

Después de pasar el Túnel Las Raices (el segundo más largo de Suramérica) y sin darnos cuenta estamos en el paso internacional Pino Hachado, primero de muchos encuentros con  autoridades fronterizas. Cruzamos sin mayor problemas, y estamos en Argentina.

Como veníamos relajados porque nos parecía que dominábamos 600 kms fácil, decidimos desviarnos en la ruta y hacer los lagos argentinos.

Primero recorrimos parte de la estepa, esa gran extensión argentina de carreteras eternas, y nada alrededor salvo un viento que casi nos mueve el carro, fueron unos 250 kms al sur sin cansarnos, y siempre distraídos. En realidad parte de este trayecto lo pasé en el cómodo asiento de atrás y entregada a Morfeo. Nada despreciable tomando en cuenta que cuando despertaba veía el paisaje de arriba, el de un cielo azul con unas nubes distintas, nuevas para mi. Terminas por apreciar cada cosa que te llega a los ojos. De todas maneras al entrar en territorio lacustre, me incorporo para disfrutar este cambio de paisaje.

Ramon se conoce esta zona como la palma de su mano así que vamos felices de saber que a pesar de que alejamos nuestra llegada a Bariloche, llegaremos al destino en el momento justo.


A pesar de haber estado unas cinco veces antes en Bariloche, nunca nos habíamos aventurado al paseo de “los siete lagos”. Llegamos por Junin de los Andes recorriendo unos 100 kms por la Ruta 40 que va bordeando los lagos. Oficialmente son 7. Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Espejo, Correntoso y Escondido. Decidimos irnos deteniendo en cada uno de ellos y apreciarlos fuera del carro. Eso si, por la época, fue imposible meternos en el agua.

Los lagos es algo que te deja sin palabras. Son cristalinos y cuando están tranquilos reflejan las montañas que los rodean con su vegetación llena de coihues. Es dificil escoger cual es el lago más lindo y difícil recordar los nombres y cada detalle, creo que la belleza del paisaje me nubló la inteligencia y así, fracasé en cada test que me hicieron para ver si recordaba detalles del camino. Decidimos parar en San Martin de los Andes, un pueblo pintoresco que me encanta. Es como para quedarnos y pasar el resto del día y noche ahí, pero sólo paramos para almorzar en Pizza Cala. Un buen descanso de tanto manejar. Cuando ya nos encontramos de frente con el que a veces llaman el octavo lago, el Nahuel Huapi, se asoman las luces de Bariloche y con ellas la llegada a Arelauquen Bungalows, donde nos quedamos por varíos días justo frente al Lago Gutierrez.