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About Me

Ana, viajera y turista, las dos cosas a la vez. Amo estar de viaje, pero también disfruto estar de regreso a mi casa.Planificar un viaje me seduce, me gusta mucho arriesgarme a cosas nuevas. 

 

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AGRA

En una mañana neblinosa y como aventureros de otros tiempos nos encaminamos a cinco horas de recorrido, doscientos kilómetros al sur. Nuestro destino el Taj Mahal. Salir de la ciudad fue sorprendentemente difícil. Había un trafico endemoniante. Miles de personas literalmente, cruzando las calles. Elefantes con carga pesada en sus lomos. No puedo dejar de sorprenderme con esto.  Me volví fanática de estos exóticos paisajes pseudo urbanos. El camino parecía que nunca iba a terminar, pero nuestra casa con ruedas se convirtió en algo tan divertido, que resultó hasta placentero el transcurrir de las horas allí dentro. Éramos dieciséis personas y había unos cuarenta puestos, así que se convirtió en un deporte infantil el variar constantemente de puesto. Los grandes leíamos, conversábamos, dormíamos o mirábamos por las ventanas hacia fuera. La gente parecía igualmente sorprendida con nosotros y disfrutaba nuestro paso por sus calles sucias y coloridas a la misma vez. Fue difícil soltar la cámara de fotos. Todo merecía ser captado por el lente. Fueron tantas las imágenes que no me cabían en la mente, así que aproveché la memoria externa que ofrece mi cámara para guardar algunas y disfrutarlas a mi regreso.

En ruta nos paramos en el templo Sikandra, donde yace la tumba de otro Emperador mogol, Akbar y está permanentemente custodiada por una legión de monos, que esperan a los visitantes sentados en un muro en la entrada moviendo sus colas y observando con caras desconfiadas a todos los osan entrar. Allí conocimos a Rafael, nuestro guía local por los siguientes dos días.


Rafael nos distrajo horrores. Era un profesor nato. Nos repetía las historias como mínimo diez veces. Intentaba asegurarse que todos hubiéramos comprendido y que nos hubiéramos situado cronológicamente. Nos resultó muy divertido, además que era la versión india de un familiar cercano y de allí el nombre con el que, al estrecharnos las manos, lo bautizamos. Juro que no he olvidado ninguna de sus palabras.

Al atardecer llegamos a Agra,  la tierra que vio nacer la magnífica tumba de Mumtaz Mahal.  Las habitaciones de nuestro hotel tienen vista al imponente Taj Mahal.  El hotel es de un lujo difícil de describir,  tiene un ambiente tranquilo y sereno, con atención impecable, sin zalamerías, ni excesos.  Sorprende enormemente el contraste entre la vida fuera de los predios del hotel y la que se desarrolla allí dentro. Me gusta esta forma de conocer la  India, pero entiendo que no siempre es posible.  Vivir  como un miembro del Raj británico y a la vez convivir con el pueblo raso, todo a la misma vez. Ambas indias son verdaderas y ambas hay que conocerlas. Quizás es la clave de éxito. Para reconfirmar mi tesis, me anoté en una terapia ayurvédica donde eligieron por mi, los aceites adecuados para lograr el balance de las energías de mi cuerpo o al menos de eso me convencieron. Al salir sentí una harmonía nueva entre cuerpo y alma y casi hipnotizada por las sensaciones, decidí repetir el tratamiento la noche siguiente.


Nos  levantamos muy temprano,  antes del amanecer. Había algo muy particular en la visita al Taj  Mahal. Para los que hemos viajado y además nos hemos dedicado a la industria turística, resulta quizás un cliché este monumento. Llegué a Agra con esa sensación,  pero no, el lugar te gana, te enamora. Nadie puede imaginarlo, sólo puedes sentirlo parada allí. Es una perfecta amalgama de sensaciones. Todas juntas provocan el efecto por el cual el templo es casi venerado aún siendo la tumba de una reina.

Atravesamos el umbral del templo que antecede al Taj Mahal y nos quedamos atónitos al constatar que el monumento había desaparecido. La bruma era tan densa que sólo a dos o tres metros de distancia se podía ver el edificio.

Durante el día visitamos el Fuerte Rojo pero insistimos en llevarnos un recuerdo final de este lugar magnífico y una vez más volvimos al Taj Mahal.

Nuevamente de viaje, ésta vez partimos preparados para uno largo, en dirección a la selva. Vamos a Ranthambore. El parque donde se encuentra la reserva más grande de tigres de la India.