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About Me

Ana, viajera y turista, las dos cosas a la vez. Amo estar de viaje, pero también disfruto estar de regreso a mi casa.Planificar un viaje me seduce, me gusta mucho arriesgarme a cosas nuevas. 

 

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FATEHPUR SIKRI

En ruta nos detenemos en Fatehpur Sikri, antigua ciudad abandonada por falta de agua potable. La historia contada por Rafael es tan vívida que nos fascina. Pasamos varias horas sintiéndonos parte de un harem, algún maharajá y uno que otro esclavo.

Subimos a lo que ya habíamos asumido como nuestro hogar. Llevábamos casi 3 horas de camino y nos esperaban todavía unas seis más. Es difícil describir cómo puede un autobús con comodidades limitadas convertirse en un espacio de felicidad, de risas y a la vez de serenidad y sosiego. Creo que ya nos fuimos contagiando del ser hindú. Dentro el autobús estaba decorado con variados y muy coloridos afiches de dioses hindúes. Prasanna se ocupó de explicarnos brevemente quienes eran y qué representaban. Los tres grandes son infaltables en cualquier casa, Brahma, Vishnu y Shiva, pero también está Ganesha. Nos encantó ese elefante que representaba a la sabiduría. Terminamos comprendiendo que en un país con una población como la de la India, es lógico que haya miles de dioses a quienes adorar. Nuestros recién adquiridos conocimientos de religión asiática nos llevaron a comprender un poco mejor las reencarnaciones y los karmas. El tema se volvió seductor.

Nuestro padres adoptivos en la India, Prasanna, Mohan y Sonny  nos tenían preparada una sorpresa. Para ellos, un inteligente plan urdido a nuestras espaldas. Habían alquilado una película que se desarrolla la ciudad olvidada que acabamos de visitar y que dura casi cuatro horas. Nos quedamos hechizados con la historia de amor entre Jodha y el Emperador Akbar. Hasta los niños están embelesados con esa pequeña pantalla que nos hizo enamorarnos de nuevo.

Comenzó a anochecer mientras atravesábamos pueblos de gente que no descansa y los que sí lo hacían, tenían sus camas sobre las aceras. Nuestra gran residencia con ruedas se crecía  al saberse dueña del camino. Todos los otros vehículos se detenían para darnos paso en una carretera de una sola vía pero circulada por vehículos que van y vienen en ambas direcciones. Nuestros maestros nos aclaran humildemente que no somos reyes, ni emperadores de épocas modernas sino que allí impera la ley del más grande. Ellos no se detienen nunca, ignoran los frenos. Jerárquicamente coronamos la pirámide. Por debajo nuestro están los bellísimamente decorados camiones de carga, los autos, las motos, las carretas tiradas por bueyes y por último y literalmente despreciados, están los peatones.



 

En ruta nos detenemos en Fatehpur Sikri, antigua ciudad abandonada por falta de agua potable. La historia contada por Rafael es tan vívida que nos fascina. Pasamos varias horas sintiéndonos parte de un harem, algún maharajá y uno que otro esclavo.

Subimos a lo que ya habíamos asumido como nuestro hogar. Llevábamos casi 3 horas de camino y nos esperaban todavía unas seis más. Es difícil describir cómo puede un autobús con comodidades limitadas convertirse en un espacio de felicidad, de risas y a la vez de serenidad y sosiego. Creo que ya nos fuimos contagiando del ser hindú. Dentro el autobús estaba decorado con variados y muy coloridos afiches de dioses hindúes. Prasanna se ocupó de explicarnos brevemente quienes eran y qué representaban. Los tres grandes son infaltables en cualquier casa, Brahma, Vishnu y Shiva, pero también está Ganesha. Nos encantó ese elefante que representaba a la sabiduría. Terminamos comprendiendo que en un país con una población como la de la India, es lógico que haya miles de dioses a quienes adorar. Nuestros recién adquiridos conocimientos de religión asiática nos llevaron a comprender un poco mejor las reencarnaciones y los karmas. El tema se volvió seductor.

Nuestro padres adoptivos en la India, Prasanna, Mohan y Sonny  nos tenían preparada una sorpresa. Para ellos, un inteligente plan urdido a nuestras espaldas. Habían alquilado una película que se desarrolla la ciudad olvidada que acabamos de visitar y que dura casi cuatro horas. Nos quedamos hechizados con la historia de amor entre Jodha y el Emperador Akbar. Hasta los niños están embelesados con esa pequeña pantalla que nos hizo enamorarnos de nuevo.

Comenzó a anochecer mientras atravesábamos pueblos de gente que no descansa y los que sí lo hacían, tenían sus camas sobre las aceras. Nuestra gran residencia con ruedas se crecía  al saberse dueña del camino. Todos los otros vehículos se detenían para darnos paso en una carretera de una sola vía pero circulada por vehículos que van y vienen en ambas direcciones. Nuestros maestros nos aclaran humildemente que no somos reyes, ni emperadores de épocas modernas sino que allí impera la ley del más grande. Ellos no se detienen nunca, ignoran los frenos. Jerárquicamente coronamos la pirámide. Por debajo nuestro están los bellísimamente decorados camiones de carga, los autos, las motos, las carretas tiradas por bueyes y por último y literalmente despreciados, están los peatones.




 

Fatehpur Sikri