FATEHPUR  SIKRI (3)

On the way to Ranthambore National Park we stopped at Fatehpur Sikri, an old city abandoned for the lack of drinking water. The story told by Raphael, our guide, was so vivid that it fascinated us. We spent several hours feeling part of a harem, some maharajahs and a few slaves.

 

We went back up to what we had already assumed to be our home: the bus. We had been on the road for almost three hours and there were still about six more waiting for us. It is difficult to describe how a bus with limited comfort can become a place of happiness, laughter and at the same time serenity and peace. I think we were already in love with the Hindu way of life. The bus was fully decorated inside, with varied and very colorful posters of Hindu gods. Prasanna explained to us briefly who they were and what they represented.

The big three are a must in any home, Brahma, Vishnu and Shiva, but there is also Ganesha. We loved that elephant that represented wisdom. We ended up understanding that in a country with a population like that of India, it is logical that there are thousands of gods to worship. Our newly acquired knowledge of indian religion led us to understand reincarnations and karmas a little better. The subject became seductive.

 

Our adoptive parents in India, Prasanna, Mohan and Sonny had a surprise in store for us. For them, a clever plan hatched behind our backs. They had rented a film that takes place in the forgotten city we had just visited and that lasts for almost four hours. We were enchanted by the love story between Jodha and Emperor Akbar. Even the children are enthralled by that little screen that made us fall in love again.

 

It began to get dark as we passed through villages where people seem to be always awake and those who rest have their beds on the sidewalks. Our large “residence on wheels” was the master of the road. Smaller vehicles stopped to give us the right of passage on a single-track road where vehicles were coming and going in both directions. The driver humbly clarifies that we are not kings, nor emperors of modern times but that the law of the greatest reigns there. They never stop, they ignore the brakes. Hierarchically we crown the pyramid. Below us are the beautifully decorated cargo trucks, the cars, the motorcycles, the ox carts, and last but not least, the pedestrians.

En ruta nos detenemos en Fatehpur Sikri, antigua ciudad abandonada por falta de agua potable. La historia contada por Rafael es tan vívida que nos fascina. Pasamos varias horas sintiéndonos parte de un harem, algún maharajá y uno que otro esclavo.

Subimos a lo que ya habíamos asumido como nuestro hogar. Llevábamos casi 3 horas de camino y nos esperaban todavía unas seis más. Es difícil describir cómo puede un autobús con comodidades limitadas convertirse en un espacio de felicidad, de risas y a la vez de serenidad y sosiego. Creo que ya nos fuimos contagiando del ser hindú. Dentro el autobús estaba decorado con variados y muy coloridos afiches de dioses hindúes. Prasanna se ocupó de explicarnos brevemente quienes eran y qué representaban. Los tres grandes son infaltables en cualquier casa, Brahma, Vishnu y Shiva, pero también está Ganesha.

Nos encantó ese elefante que representaba a la sabiduría. Terminamos comprendiendo que en un país con una población como la de la India, es lógico que haya miles de dioses a quienes adorar. Nuestros recién adquiridos conocimientos de religión asiática nos llevaron a comprender un poco mejor las reencarnaciones y los karmas. El tema se volvió seductor.

Nuestro padres adoptivos en la India, Prasanna, Mohan y Sonny  nos tenían preparada una sorpresa. Para ellos, un inteligente plan urdido a nuestras espaldas. Habían alquilado una película que se desarrolla la ciudad olvidada que acabamos de visitar y que dura casi cuatro horas. Nos quedamos hechizados con la historia de amor entre Jodha y el Emperador Akbar. Hasta los niños están embelesados con esa pequeña pantalla que nos hizo enamorarnos de nuevo.

Comenzó a anochecer mientras atravesábamos pueblos de gente que no descansa y los que sí lo hacían, tenían sus camas sobre las aceras. Nuestra gran residencia con ruedas se crecía  al saberse dueña del camino. Todos los otros vehículos se detenían para darnos paso en una carretera de una sola vía pero circulada por vehículos que van y vienen en ambas direcciones.

Nuestros maestros nos aclaran humildemente que no somos reyes, ni emperadores de épocas modernas sino que allí impera la ley del más grande. Ellos no se detienen nunca, ignoran los frenos. Jerárquicamente coronamos la pirámide. Por debajo nuestro están los bellísimamente decorados camiones de carga, los autos, las motos, las carretas tiradas por bueyes y por último y literalmente despreciados, están los peatones.

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My name is Ana Bazo. I'm traveler and a tourist. Planning a trip seduces me. I love visiting far away solitary places. During my travels I write and take pictures... So, one day I put all that  together and The Undercover Pilot was born.

 

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