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About Me

Ana, viajera y turista, las dos cosas a la vez. Amo estar de viaje, pero también disfruto estar de regreso a mi casa.Planificar un viaje me seduce, me gusta mucho arriesgarme a cosas nuevas. 

 

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UDAIPUR


Así llegamos a Udaipur. Ciudad al sur de Rajasthan que se levanta a orillas de lago Pichola.  Romántica, apacible, cálida. Nos sentamos en nuestro hotel con vista al lago y disfrutamos de un aperitivo a la tenue luz del atardecer. Tanta tranquilidad es difícil de describir. Nos quedamos todos mudos disfrutando del escandaloso silencio y después nos retiramos a nuestras habitaciones y cada uno de nosotros se convirtió en maharajá y maharani por una noche. Piscinas privadas y masajes completaron una noche de hedonismo total.

La mañana siguiente comenzó con discusiones. No todos querían visitar el templo de Ranakpur. Había escogido este lugar por ser un templo jainista, que es una derivación extrema del hinduismo. Es un templo puro, considerando que todo lo visitado había sido construido por los conquistadores: los emperadores mogoles.

Nuevamente horas interminables de recorrido por una carretera sinuosa llena de precipicios a través de las colinas del Aravalli para llegar al remoto y pacífico valle donde fue construido el soberbio templo.  Ya a lo lejos se percibe como un lugar celestial pero cuando uno entra, dejando los zapatos entre muchos otros a las puertas del templo se da cuenta de que va más allá de los adjetivos. La sensación de bienestar, de armonía, de calma que se te impregna en la piel y se queda allí para siempre como tinta indeleble simboliza el agradecimiento de la diosa Adinath por rendirle homenaje con nuestra presencia. Pasamos horas merodeando por el templo entre las miles de columnas, cada una distinta a la otra, que sostienen sus labrados techos. El lugar llama a la reflexión, al rezo, a la entrega. Además el sol vespertino produce un juego de luces y sombras que atrapé con mi cámara y traje de vuelta a casa junto con la certeza de haberme deleitado con un lugar lleno de misticismo y divinidad.

La mañana siguiente empezó con el triste momento de las despedidas. Dejamos atrás nuestra  casa y a dos de nuestros fieles protectores. Viajábamos a Delhi en avión.

En Delhi cambiamos de hotel, esta vez nos quedamos en el Imperial. Este hotel es como para Churchill, muy inglés. Nos encantó. Además a pocos minutos estaba el Jan Path, para hacer compras que nos faltaban, para llevarnos de todo a cambio de un pedazo de nuestro corazones que dejamos allí con esta gente.

Después de dos días más en la capital, tomamos el vuelo sobre los Himalayas afganos y una máquina prodigiosa en pocas horas nos puso en la ciudad luz, a la que llegamos con las maletas con exceso de recuerdos y la satisfacción de la tarea cumplida.


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