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UDAIPUR (6)

UDAIPUR

 

A city south of Rajasthan that stands on the shores of Lake Pichola.  Romantic, peaceful, warm. We sat at  the hotel decks overlooking the lake and enjoyed a snack in the dim light of the sunset. So much tranquility is hard to describe. We were all speechless, enjoying the scandalous silence, and then we retired to our rooms and each of us became a maharaja and a maharani for one night. Private pools and massages completed a night of total hedonism.

 

The next morning began with discussions. Not everyone wanted to visit the Ranakpur temple. We had chosen this place because it is a Jain temple, a place of worship for jainists an extreme derivation of Hinduism. Ranakpur is then an Hinduist temple. The first one visited during our trip considering that the others we went to had been built by the conquerors: the Mughal emperors.

 

Endless hours of travel along a winding road full of cliffs through the hills of the Aravalli to reach the remote and peaceful valley where the superb temple was built.  Already in the distance it is perceived as a heavenly place but when you enter, leaving your shoes among many others at the gates of the temple you realize that it there is not an adjective that can describe it.

 

The sensation of well-being, of harmony, of calm that impregnates your skin and stays there forever like indelible ink symbolizes the gratitude of the goddess Adinath for paying homage to her with our presence. We spent some two hours wandering around the temple among the thousands of columns, each one different from the other, that support its carved ceilings. The place calls for reflection, for prayer, for surrender. In addition, the evening sun produces a play of light and shadow that I caught with my camera and brought back home, along with the certainty of having enjoyed a place full of mysticism and divinity.

 

The next morning began with the sad moment of goodbyes. We left behind our home and two of our most faithful protectors. We were travelling back to Delhi by plane.

 

In Delhi this time we stayed at the Imperial Hotel. This hotel has a very English feel. We loved it. Also a few minutes away was the Jan Path, so to do some shopping that we were dreaming about, we wanted to take every souvenir in exchange of a piece of our hearts that we had already left there with the Indian people.

 

After two more days in the capital, we took the our flight back home flying over the Afghan Himalayas and a few hours later we arrived with our suitcases full of memories and the satisfaction of another trip accomplished.

Así llegamos a Udaipur. Ciudad al sur de Rajasthan que se levanta a orillas de lago Pichola.  Romántica, apacible, cálida. Nos sentamos en nuestro hotel con vista al lago y disfrutamos de un aperitivo a la tenue luz del atardecer. Tanta tranquilidad es difícil de describir. Nos quedamos todos mudos disfrutando del escandaloso silencio y después nos retiramos a nuestras habitaciones y cada uno de nosotros se convirtió en maharajá y maharani por una noche. Piscinas privadas y masajes completaron una noche de hedonismo total.

 

La mañana siguiente comenzó con discusiones. No todos querían visitar el templo de Ranakpur. Había escogido este lugar por ser un templo jainista, que es una derivación extrema del hinduismo. Es un templo puro, considerando que todo lo visitado había sido construido por los conquistadores: los emperadores mogoles.Nuevamente horas interminables de recorrido por una carretera sinuosa llena de precipicios a través de las colinas del Aravalli para llegar al remoto y pacífico valle donde fue construido el soberbio templo.  Ya a lo lejos se percibe como un lugar celestial pero cuando uno entra, dejando los zapatos entre muchos otros a las puertas del templo se da cuenta de que va más allá de los adjetivos. La sensación de bienestar, de armonía, de calma que se te impregna en la piel y se queda allí para siempre como tinta indeleble simboliza el agradecimiento de la diosa Adinath por rendirle homenaje con nuestra presencia.

 

Pasamos horas merodeando por el templo entre las miles de columnas, cada una distinta a la otra, que sostienen sus labrados techos. El lugar llama a la reflexión, al rezo, a la entrega. Además el sol vespertino produce un juego de luces y sombras que atrapé con mi cámara y traje de vuelta a casa junto con la certeza de haberme deleitado con un lugar lleno de misticismo y divinidad.La mañana siguiente empezó con el triste momento de las despedidas.

 

Dejamos atrás nuestra  casa y a dos de nuestros fieles protectores. Viajábamos a Delhi en avión.En Delhi cambiamos de hotel, esta vez nos quedamos en el Imperial. Este hotel es como para Churchill, muy inglés. Nos encantó. Además a pocos minutos estaba el Jan Path, para hacer compras que nos faltaban, para llevarnos de todo a cambio de un pedazo de nuestro corazones que dejamos allí con esta gente.Después de dos días más en la capital, tomamos el vuelo sobre los Himalayas afganos y una máquina prodigiosa en pocas horas nos puso en la ciudad luz, a la que llegamos con las maletas con exceso de recuerdos y la satisfacción de la tarea cumplida.a paragraph.

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About Me

My name is Ana Bazo. I'm traveler and a tourist. Planning a trip seduces me. I love visiting far away solitary places. During my travels I write and take pictures... So, one day I put all that  together and The Undercover Pilot was born.

 

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