ZAPALLAR

A CHARMING HOUSE...

 

 

We wanted to enjoy a weekend on the Chilean coast, so I looked all over the internet to find a nice place to stay.  It had to be somewhere close to the mountains of Santiago where we had been for the winter season. We needed some vitamin sea, even if it was cold...

 

We were undecided about driving south from Santiago to Pichilemú, where we had been the year before and had loved it. or driving up a few kms north to Zapallar.

 

As our next destination was Argentina and we were to drive through the Los Libertadores border crossing, we ended up choosing Zapallar because of its proximity to the border.

 

The place to stay turned out to be Casa Wilson.

First we got totally lost in Viña del Mar (we didn’t have a GPS), then I tried to get a hold of the place by phone and thankfully, even though it was 11 o'clock at night a person kindly answered the phone.  He told us we were still about an hour away from our destination.

He offered to meet us on the road once we got closer so that we could follow him to the house. I was a little scared, but accepted. What would our surprise be when we arrived at this large house received by this handsome gentleman who would take us around the house and allow us to choose from about seven available rooms. (There was only one more couple staying at the hotel).

 

It was in the morning when we realized that we had slept in a vintage house, a house built with wood brought from Sweden in 1906 and owned by a family of great tradition in the area. When I was listening to these stories while having breakfast in the family’s dining room which has been preserved in its original state, as well as the rooms and almost all the spaces in the house, I understood the strange energy I felt the night before when I crossed the threshold of the great main door. You could feel the weight of a family that had been born and lived in that house.

I could almost say that apart from our new friend Samuel Moreno, the owner and grandson of the original owners, someone else walked around the house all day. It was certainly an experience beyond the ordinary, or the earthly if you will.

 

It is worth mentioning that all the rooms were impeccably arranged, as well as the bathrooms. (I loved the Marseille brand soap). In addition, the house is located on a hill that has a view of the sea on three sides. The noise of the waves, the smell of saltpeter, catches you.  You don't want to leave; something keeps you holding on to that house.

 

But anyway we followed our original plan: surfing. So after a walk around, we left to go to Maitencillo, a little popular town a few miles away from the exclusive Zapallar. There, we rented some surfboards and wet suits at a place on the beach called Pro Rider (@proridermaitencillo) and enjoyed the icy sea of the end of August on a cold and cloudy day. Unexpectedly this day left unforgettable memories to us.  Afterwards, exhausted, frozen to the bones and barefeet, we went over to a sushi place right  in front of the beach called Beach Break (@beachbreak.maitencillo)

 

We had plans to have dinner at the recommended El Chiringuito (aka Marquito) in Zapallar, but Samuel invited us to have an "asado", a barbecue, at his house. We had several bottles of Teillery Cabernet Sauvignon, which by the way we were able to drink only because we were staying in the same house where we having dinner… Chile has a zero tolerance of alcohol  while driving so if you are stopped by the police and have sipped some wine you’ll surely spend the night behind bars and get your license suspended.

 

Wilson House - Francisco de Paula Perez, 191, Zapallar

 

Beach Break Sushi - Avenida Del Mar 1436, Maitencillo, Puchuncaví, Chile

El Chiringuito aka Marquito Caleta de Zapallar s/n Zapallar, Chile


 

UNA CASA ENCANTADA O UN ENCANTO DE CASA...

 

Nuestra llegada a la casa fue realmente por azares de la vida en todo sentido. Queríamos disfrutar de un fin de semana invernal en la costa chilena.Estábamos entre ir al sur de Santiago hasta Pichilemú, o subir unos kms al norte hasta Zapallar. Habíamos escuchado hablar de ambos como lugares donde se practica el surf y parte del grupo quería probar por primera vez.

 

Como nuestro siguiente destino era la Argentina por el Paso Fronterizo Libertadores, resultó electo Zapallar por estar unos 200 kms más cerca de la frontera.No teníamos alojamiento reservado, pero había revisado en internet algunas alternativas, entre las cuales sin saber porqué razón, guardé el número de teléfono de uno de los lugares vistos. Resultó ser de Casa Wilson, así que cuando nos vimos totalmente perdidos en Viña del Mar, (este año hicimos el viaje sin gps) intenté comunicarme. Me atendió un señor que sin conocerme y siendo más de las 11 de la noche me dio indicaciones de cómo llegar, alertándome que todavía estaba como a una hora de mi destino.Cuando estábamos cerca, se ofreció a encontrarnos en la ruta para que lo siguiéramos hasta la casa. Me dio un poco de miedo, pero aceptamos. Cual sería nuestra sorpresa al llegar a esta casona recibidos por este apuesto señor que nos llevaba por toda la casa y nos permitía elegir entre unas siete habitaciones disponibles. (solo había una pareja más alojada en el hotel).Fue en la mañana cuando nos dimos cuenta que habíamos dormido en una casa de época, construida con maderas traídas de Suecia en 1906 y propiedad de una familia de mucha tradición en la zona durante más de un siglo.

 

Cuando escuchaba estas historias mientras desayunaba en el comedor familiar el cual está conservado en su estado original, al igual que las habitaciones y casi todos los espacios de la casa, fue que entendí la energía que me trasmitió la casa al cruzar el umbral de la gran puerta principal. Se sentía el peso de una familia que había nacido y vivido en esa casa. Casi podría decir que aparte de quien hoy es nuestro amigo Samuel Moreno, el dueño y nieto de los dueños originales, alguien más se paseaba todo el día por la casa. Fue una experiencia sin duda más allá de lo común, o de lo terrenal si se quiere decir.Vale decir que todas las habitaciones estaban impecablemente arregladas, al igual que los baños. (me encantó el jabon de Marsella). Además, la casa está ubicada en una colina que tiene vista al mar por tres de sus lados. El ruido de las olas, el olor a salitre, te atrapan y sientes que no quieres irte.

 

Nosotros íbamos con planes más mundanos: a surfear, así que después de un paseo por los alrededores, salimos camino a Maitencillo un pueblito más popular y más alejado del exclusivo Zapallar. Allá alquilamos unas tablas de surf y “wet suits” en un lugar sobre la playa que se llama Pro Rider, y disfrutamos del helado mar de fines de agosto en un día nublado y frío. Nada atractiva la descripción que inesperadamente dejó recuerdos inolvidables de un día quizás irrepetible. Después, exhaustos, helados y descalzos, fuimos a comernos un rico y variado sushi frente a la playa en un lugar que se llama Beach Break. Teníamos planes de cenar en el recomendado “El Chiringuito” en Zapallar, pero Samuel nos invitó un “asado” en su casa, que resultó mucho más rico, además acompañado de varias botellas de  Teillery Cabernet Sauvignon, que pudimos tomar por estar en la misma casa donde pasaríamos la noche ya que en Chile hay tolerancia cero si te detiene la policía y tienes signos de haber tomado.www.casawilson.cl  

 

Casa Wilson - Francisco de Paula Perez, 191,

ZapallarBeach Break Sushi  - Avenida Del Mar 1436, Maitencillo, Puchuncaví, Chile

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My name is Ana Bazo. I'm traveler and a tourist. Planning a trip seduces me. I love visiting far away solitary places. During my travels I write and take pictures... So, one day I put all that  together and The Undercover Pilot was born.

 

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