RANTAMBHORE (4)

We arrived at the mysterious and romantic hunting ground of the ancient maharajas of Jaipur. Land of Kipling and the Bengal Tiger. We set out on our first safari with the first ray of sunshine in sight. We could not believe the temperature, but the inhabitants of the nearby town of Sawai Madhopur did know it.

At the gates of the national park entrance, we were met by peddlers selling gloves and hats, which we bought with enthusiasm and imperious need. Thus, camouflaged inside thick earth-colored and green fabrics, we opened the pages of the Jungle Book and deeped in.  We stumbled upon temples dedicated to gods and deities that had been devoured by a vegetation that took over everything.

 

We were invaded by a mixture of aromas of humid earth, dry woods and hidden animals. We passed by lakes and forests until suddenly the atmosphere was tinged with orange and black. There were two huge and imposing tigers. Rising lazily. It was inevitable to feel fear. They approached us slowly but firmly and determinedly. Their yellow eyes crossed with each of ours. We just waited. They came within five metres of our vehicle. No one spoke. Total silence. They passed us by and walked away. They toyed with each other. We were elated. We did it! There are only few who live this experience. Tigers are elusive and they too are afraid of humans. We returned in triumph to enjoy our five-star hotel the Oberoi Vanyavilas in the middle of nowhere.

 

 

For me it was the perfect time for meditation and yoga. I had prepared myself before leaving taking some yoga classes and this place was absolutely inviting to go back to it. I met two other people and the yogi.  The class began with the syllables that are repeated tirelessly throughout South Asia, OM, the main one of all the mantras. This class and the next day's class let me discover true yoga. A practice that seeks only to reach a state of total concentration where the mind dissolves and is freed from its own thoughts. It really doesn't matter what positions we achieve, Yoga isn’t meant to be exercise for the body but only for the mind.

 

We continued our travels. We had the feeling that we had been in India longer than we had. Again Mohan and Sonny distracted us with Indian stories about religion, about facts of Indian life, but  this  time it was Indian music. A whole repertoire of folk songs and Hindu rituals that filled our spirits as we listened to them. Relaxing music. Soon we would be arriving to Jaipur.

RANTHAMBORE

Llegamos al misterioso y romántico coto de caza de los antiguos maharajá de Jaipur. Tierra de Kipling y del tigre bengala. Salimos a nuestro primer safari con el asomo del primer rayo de sol. No podíamos creer la temperatura que hacía pero los pobladores del cercano pueblo de Sawai Madhopur sí que la conocen, a las puertas de la entrada del parque nacional nos esperaban vendedores ambulantes de guantes y gorros que nosotros compramos con entusiasmo e imperiosa necesidad. Así camuflajeados dentro de gruesos tejidos  de colores tierra y verdes abrimos las páginas del libro de la selva y nos adentramos en él.  Nos fuimos tropezando con templos dedicados a dioses y deidades que habían sido devorados por una vegetación que se adueña de todo. Nos invadieron una mezcla de aromas a tierra húmeda, a maderas secas y a animales escondidos. Pasamos lagos y bosques hasta que de repente el ambiente se tiñó de naranja y negro. Ahí estaban dos tigres, inmensos, imponentes. Levantándose con pereza. Fue inevitable sentir temor. Se acercaban a nosotros lenta y  pausadamente, pero firmes y determinados. Sus ojos amarillos se cruzaban con cada uno de los nuestros. Estábamos entregados. Llegaron a escasos cinco metros de nuestro vehículo. Nadie habló, sólo esperamos nuestro destino. Nos pasaron de largo, se alejaron. Juguetearon entre ellos. Nos entró la euforia. ¡Lo logramos! Somos pocos los que vivimos esta experiencia. Los tigres son escurridizos y también ellos nos tienen miedo. Regresamos triunfantes a disfrutar de nuestro hotel cinco estrellas en medio de la nada.

Para mi era la hora perfecta para la meditación y el yoga. Me había preparado antes de salir de viaje asistiendo a algunas clases de yoga y esta lugar me invitaba. Me reuní con otros dos personas y con el yogui.  La clase comenzó con las sílabas que se repiten incansablemente en toda Asia, OM, el principal de todos los mantras. Esta clase, y la del día siguiente me dejaron descubrir el verdadero yoga. Una práctica que sólo busca llegar a un estado de concentración total  donde la mente se disuelve y se libera de sus propios pensamientos. Poco importan las posiciones que asumimos como una especie de ejercicio light para mantenernos en forma, olvidando el verdadero sentido de ésta práctica milenaria.

Seguimos viajando, teníamos la sensación de haber llegado a este país hacía mucho, pero llevábamos sólo seis días y nos restaban otros seis más. Nuevamente Mohan y Sonny nos distrajeron con el programa del día dentro de nuestra casa que se muda cada dos días de ciudad. Esta vez fue música. Todo un repertorio de canciones folclóricas y rituales hindúes que llenaban el espíritu al escucharlas. Música relajante.


 

Llegamos al misterioso y romántico coto de caza de los antiguos maharajá de Jaipur. Tierra de Kipling y del tigre bengala. Salimos a nuestro primer safari con el asomo del primer rayo de sol. No podíamos creer la temperatura que hacía pero los pobladores del cercano pueblo de Sawai Madhopur sí que la conocen, a las puertas de la entrada del parque nacional nos esperaban vendedores ambulantes de guantes y gorros que nosotros compramos con entusiasmo e imperiosa necesidad. Así camuflajeados dentro de gruesos tejidos  de colores tierra y verdes abrimos las páginas del libro de la selva y nos adentramos en él. 

Nos fuimos tropezando con templos dedicados a dioses y deidades que habían sido devorados por una vegetación que se adueña de todo. Nos invadieron una mezcla de aromas a tierra húmeda, a maderas secas y a animales escondidos.

Pasamos lagos y bosques hasta que de repente el ambiente se tiñó de naranja y negro. Ahí estaban dos tigres, inmensos, imponentes. Levantándose con pereza. Fue inevitable sentir temor. Se acercaban a nosotros lenta y  pausadamente, pero firmes y determinados. Sus ojos amarillos se cruzaban con cada uno de los nuestros. Estábamos entregados. Llegaron a escasos cinco metros de nuestro vehículo. Nadie habló, sólo esperamos nuestro destino. Nos pasaron de largo, se alejaron. Juguetearon entre ellos. Nos entró la euforia. ¡Lo logramos!

Somos pocos los que vivimos esta experiencia. Los tigres son escurridizos y también ellos nos tienen miedo.

 

Regresamos triunfantes a disfrutar de nuestro hotel cinco estrellas en medio de la nada.Para mi era la hora perfecta para la meditación y el yoga. Me había preparado antes de salir de viaje asistiendo a algunas clases de yoga y esta lugar me invitaba. Me reuní con otros dos personas y con el yogui.  La clase comenzó con las sílabas que se repiten incansablemente en toda Asia, OM, el principal de todos los mantras. Esta clase, y la del día siguiente me dejaron descubrir el verdadero yoga. Una práctica que sólo busca llegar a un estado de concentración total  donde la mente se disuelve y se libera de sus propios pensamientos. Poco importan las posiciones que asumimos como una especie de ejercicio light para mantenernos en forma, olvidando el verdadero sentido de ésta práctica milenaria.

 

Seguimos viajando, teníamos la sensación de haber llegado a este país hacía mucho, pero llevábamos sólo seis días y nos restaban otros seis más. Nuevamente Mohan y Sonny nos distrajeron con el programa del día dentro de nuestra casa que se muda cada dos días de ciudad. Esta vez fue música. Todo un repertorio de canciones folclóricas y rituales hindúes que llenaban el espíritu al escucharlas. Música relajante.

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My name is Ana Bazo. I'm traveler and a tourist. Planning a trip seduces me. I love visiting far away solitary places. During my travels I write and take pictures... So, one day I put all that  together and The Undercover Pilot was born.

 

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