JAIPUR

Estábamos distraídos cuando apareció Jaipur, esta ciudad teñida de colores rosados. La entrada fue soberbia. Nos dejó boquiabiertos.  Esa misma tarde visitamos el grandioso Palacio de Ámbar o el infierno de los elefantes ya que estas tristes bestias pasan su día subiendo y bajando turistas con pamelas, excesos de protector solar y lentes oscuros. Por momentos se me ocurrió que los karmas existen y que cada uno de ellos fue un ser humano que una vez despreció a estos animales y ahora lleva cientos de reencarnaciones hasta llegar al honorable elefante. Al bajar nos encontramos a una mujer hindú que se ofreció a hacernos dibujos con henna en las manos. Todas las mujeres aceptamos. El resultado de nuestro tatuaje fue perfecto. No quería que desapareciera, pero entendí que sólo sería parte de mi por quince días.


No seríamos mujeres si no sucumbiéramos al mágico hechizo de las tiendas. Regresamos a casa con saris, telas para manteles, souvenirs y casi al final y aprovechando el descuido de los maridos que se distrajeron comprando tabacos tipo chimó, entramos en la joyería india por excelencia, The Gem Palace. Hay maravillas. Te ciega tanto oro y piedras preciosas y semi preciosas. Los indios son grandes vendedores. Te permiten probarte todo independientemente del precio de la joya. Más tarde una amiga joyera me contaría que no hay siquiera cámaras de seguridad en el lugar. Hoy me pregunto si lo que compré con un arduo trabajo de regateo y a cambio de un importante desembolso de rupias sería sólo el brillo de la más pura fantasía.

Esa noche una vez más, optamos por comer comida hindú. Habíamos aprendido a digerir mejor el picante, y comenzábamos a entender la combinación de éste con el yogur; además nos convertimos en amantes de la lentejas. El pan Nan nos enloqueció y por supuesto no perdonamos a un cordero cada noche. Lo comimos en todas sus preparaciones. Adquirimos cierto misticismo en el ritual de las comidas.



Nuevamente rodando, ya éramos parte de ésta árida tierra. Conocimos parte de sus costumbres. Nos conquistó su extraño humor.  Ese día escogimos la frase “horn please” como lema.

Nos habían explicado que el sonar la corneta era considerado un saludo cordial y hacerlo denotaba amistad y simpatía. Mohan se la pasaba con la mano sobre la corneta de nuestro autobús saludando a sus otros pares.

 

We were distracted when Jaipur showed up. The pink city. The welcoming house aligned side by side on the narrow road was really beautiful. It blew our minds off. 

That same afternoon we visited the grandiose Amber Palace or what I call it: elephant's hell, as these sad beasts spend their day going up and down with tourists wearing pamelas, makeup in excess and sunglasses, and some of them are almost heavier than the animals. It made me remember the issue of karmas and reincarnation…

On the way down we met a Hindu woman who offered to paint our hands with henna. All of us women accepted. The result of our tattoo was perfect. I didn't want it to fade away, but I understood that it would only be part of me for a fortnight.

 

We wouldn't be women if we didn't succumb to the magic spell of shops. We returned home with sarees, tablecloths, souvenirs and when the husbands were distracted buying cigars, we entered the quintessential Indian jewelry store, The Gem Palace. There are wonders. It blinds your eyes you to look at that much gold and precious and semi-precious stones. Indians are clever merchants. They let you try everything on regardless of the price of the jewelry, they know how easily clients fall in love with the pieces once they wear it.

Later a jeweler friend would tell me that there aren't security cameras in the store. Today I wonder if what I bought with a lot of hard bargaining and in exchange for a large amount of rupees would be just the glitter of the purest fantasy.

 

That night once again, we chose to eat Indian food. We had learned to digest spicy food better, and we were beginning to understand the combination of spicy food and yoghurt, and we became lovers of lentils. Nan bread drove us crazy and of course we never spares a lamb dish. We ate it in all its preparations. We acquired a certain mysticism in the ritual of the meals.

 

Finally it was time to rest, we stayed at the Taj Rambagh Palace. Far from being the Oberoi Rajvilas but there was no availability for our dates.

 

 

Once again we were on the driveway. We now felt like part of this arid land. We learned some of their traditions. We were conquered by their strange humor. 

That day we chose the phrase "horn please" as our motto. We were really having fun!

It had been explained to us that blowing the horn was considered a cordial greeting and doing so denoted friendship and sympathy. Mohan was waving over the horn of our bus, greeting his other peers.

JAIPUR (5)

Estábamos distraídos cuando apareció Jaipur, esta ciudad teñida de colores rosados. La entrada fue soberbia. Nos dejó boquiabiertos.  Esa misma tarde visitamos el grandioso Palacio de Ámbar o el infierno de los elefantes ya que estas tristes bestias pasan su día subiendo y bajando turistas con pamelas, excesos de protector solar y lentes oscuros. Por momentos se me ocurrió que los karmas existen y que cada uno de ellos fue un ser humano que una vez despreció a estos animales y ahora lleva cientos de reencarnaciones hasta llegar al honorable elefante. Al bajar nos encontramos a una mujer hindú que se ofreció a hacernos dibujos con henna en las manos. Todas las mujeres aceptamos. El resultado de nuestro tatuaje fue perfecto. No quería que desapareciera, pero entendí que sólo sería parte de mi por quince días.No seríamos mujeres si no sucumbiéramos al mágico hechizo de las tiendas. Regresamos a casa con saris, telas para manteles, souvenirs y casi al final y aprovechando el descuido de los maridos que se distrajeron comprando tabacos tipo chimó, entramos en la joyería india por excelencia, The Gem Palace. Hay maravillas. Te ciega tanto oro y piedras preciosas y semi preciosas. Los indios son grandes vendedores. Te permiten probarte todo independientemente del precio de la joya. Más tarde una amiga joyera me contaría que no hay siquiera cámaras de seguridad en el lugar. Hoy me pregunto si lo que compré con un arduo trabajo de regateo y a cambio de un importante desembolso de rupias sería sólo el brillo de la más pura fantasía.Esa noche una vez más, optamos por comer comida hindú. Habíamos aprendido a digerir mejor el picante, y comenzábamos a entender la combinación de éste con el yogur; además nos convertimos en amantes de la lentejas. El pan Nan nos enloqueció y por supuesto no perdonamos a un cordero cada noche. Lo comimos en todas sus preparaciones. Adquirimos cierto misticismo en el ritual de las comidas.Nuevamente rodando, ya éramos parte de ésta árida tierra. Conocimos parte de sus costumbres. Nos conquistó su extraño humor.  Ese día escogimos la frase “horn please” como lema.Nos habían explicado que el sonar la corneta era considerado un saludo cordial y hacerlo denotaba amistad y simpatía. Mohan se la pasaba con la mano sobre la corneta de nuestro autobús saludando a sus otros pares.

FOLLOW US ON INSTAGRAM
SITE Menu
About Me

My name is Ana Bazo. I'm traveler and a tourist. Planning a trip seduces me. I love visiting far away solitary places. During my travels I write and take pictures... So, one day I put all that  together and The Undercover Pilot was born.

 

GET IN TOUCH

theundercoverpilot@gmail.com

+1 603 - 277 - 0990

Miami, FL

 

  • White Facebook Icon

© 2023 by Going Places. Proudly created with Wix.com